lunes, 20 de octubre de 2014

El Globo Verde












EL GLOBO VERDE

Fui henchido plenamente de un aire mágico y puro que me dio vida y forma.

Después una mano me ató con un fuerte nudo y me dijo: "Tú eres un globo, y eres verde".


Me sentí rebosante de vida, pleno de energía.
Vi otros globos, eran de colores, tamaños y formas diferentes a la mía.
Quería estar con ellos. me acercaba a ellos pero, cuando llegábamos a tocarnos, rebotábamos y nos alejábamos.


Una y otra vez intentaba buscar la compañía y el amor de otros globos, pero cuando volvía a tocarlos, volvía a rebotar y nos separábamos de nuevo.


Empecé a sentir una sensación de soledad y de tristeza.
Pensé que esto me estaba pasando por intentar acercarme a globos que no eran como yo, que tenían formas y colores diferentes.


Decidí que tenía que buscar globos semejantes a mi, con mis mismas características, con mi mismo color, con los que poder estar siempre y ser feliz.


Alguna vez encontré un globo similar a mi, y al acercarme a él sentí una agradable electricidad estática que nos unió.
Me sentí bien, acompañado, comprendido, feliz de estar con un globo amigo.
Pero pasado un tiempo apareció una mano que dijo: "este es mi globo" y dándole un palmetazo lo alejó de mi.


Seguí buscando globos amigos, con quien compartir la vida y con quien dar y recibir aire y amor.
En esa búsqueda volví a acercarme a otros muchos globos, muchos se acercaban a mi, y volvíamos a rebotar y alejarnos.


Estaba claro que no teníamos nada en común.


En cierta ocasión coincidí de nuevo con otro globo amigo con el que sentí afinidad, con que me sentía agusto.
Pero una vez más venía otra mano y de un palmetazo nos volvía a separar.


"Tengo aire de amor que dar, necesito recibir aire de amor pero ¿porque es tan difícil?"
Yo quería compartir el aire de amor que llevaba dentro con algún globo, quería abrirme, fundirme con su aire, pero siempre lo impedía la goma que nos recubría, haciéndonos rebotar, y esto me producía tensión.


Empecé a sentirme frustrado, desanimado; vi como me iba desinflando lentamente. Noté como mi goma, años atrás tersa y brillante, poco a poco se iba arrugando volviéndose más opaca.


Bueno, debía considerarlo normal, había visto a tantos globos nacer, tan repletos de aire y de vida, tan tersos y brillantes, y como con el paso del tiempo se iban deshinchando y arrugando hasta perder todo su aire y quedar aplastados contra el suelo, o explotar sin más quedando reducidos a pequeños trozos de goma esparcidos por todas partes...
Era ley de vida de los globos.


Yo ya no era uno de esos globos jóvenes, mi goma se iba arrugando cada vez más y mi aire se iba escapando muy lentamente. Y entonces ¿cuál era mi futuro?
¿Estaba abocado irremediablemente a desinflarme hasta el fin o a explotar y dejar de existir?


Se me antojaba un futuro muy poco alagüeño para un globo; para ese globo que un día fue jóven, pletórico, henchido de puro aire de vida, tan henchido que creía poder volar... Ya escasamente podía recordar esa sensación.


Y a pesar de todo algo dentro de mí, algo en lo que quedaba de mi aire se resistía a ello, se resistía a la inefable realidad de terminar su existencia de esas formas tan horribles, y desaparecer.


Mientras tanto la sensación de separación con los otros globos y con aire libre que nos envolvía a todos me revolvía las entrañas, me causaba un sufrimiento y un vacío insoportables.


Todo esto iba consumiendo mi aire, cada vez más turbio y contaminado por pensamientos negativos y limitadores:
"Yo soy un globo verde, muy diferente a los demás globos, con los que siempre acabo chocando, que está condenado a dejar de existir algún día, rodeado de sufrimiento y soledad".
¿Qué sentido tenía mi vida? Me preguntaba.
¿Para qué fui llenado un día de puro y maravilloso aire de vida? ¿Para acabar así?


No lo entendía, y eso me hundía en la desesperación.
Buscaba y buscaba dentro de mi incansablemente una respuesta, una salida, una luz...


Un día desde mi interior miré al sol, un sol que veía ya muy tamizado a través de mi opaca goma verde, y le supliqué una ayuda, una respuesta.


Al mirar en esa dirección, descubrí que en mi piel de goma había un poro, un pequeño agujerito.
Al principio me asusté al verlo: "Otro síntoma de la vejez", me dije, "cada vez irán apareciendo más".


Pero al poner toda mi atención en ese poro sentí algo diferente, algo que no había sentido antes.

Sentí que por ese pequeño agujero penetraba en mi interior una pequeña corriente de aire puro del exterior, que se fundía con mi propio aire.

Eso me hizo sentirme bien, me hizo recordar levemente la sensación del aire puro que tenía cuando era un globo joven.
Y esa pequeña pero intensa sensación me dio a entender que el aire que había en mi interior y el aire que había en el exterior eran las misma cosa, el mismo aire de vida y que estaban hechos de la misma esencia, y que ese aire de vida estaba en todo, rodeaba todo y penetraba todo, y comprendí que ese mismo aire que estaba en mi interior tenía que ser el mismo aire que estaba en el interior de todos los demás globos.


Y entendí como lo que hacía que pareciésemos globos diferentes era la finísima cubierta de goma que nos daba forma a cada uno, pero que el fondo era el mismo, ese mismo aire de vida que estaba dentro y fuera de todos, llenándolo todo de vida y amor.


Y entendí por fin que yo no era esa fina cubierta de goma verde que me recubría con la que me habían calificado ("tú eres un globo verde") y con la que yo me había identificado.
Yo era el aire, ese aire de vida, ese aire que una vez fue insuflado tan generosa y amorosamente por la Fuente de todo aire viviente.


Y al sentir ser ese aire, de la misma cualidad y sustancia que el aire que siempre me había rodeado, de la misma sustancia que el aire que llenaba al resto de los globos y a toda cosa viviente, entonces sentí una gran paz, sentí gozo al darme cuenta de que eso es lo que siempre había soñado, el poder fundir mi aire de vida y de amor con el resto de los globos, y con todo el aire libre del universo.
Y en ese momento mi tristeza, soledad y vacío desaparecieron.


Y si así era, lo que les pasaba a los globos que se desinflaban o explotaban era que simplemente su aire se había vuelto a fundir con el aire universal, y ya no había separación entre ellos, solo unión. 
Esa visión me alivió la dura imagen que tenía de la muerte.

Pero yo creía posible sentir el gozo de esa fusión con todo el aire, con todos los globos, con el todo... en esta vida, pues así lo había sentido por unos pequeños instantes.

Y me propuse volver a sentir esa  alegría, más veces, con más intensidad, y el gozo y felicidad que ello suponía; deseoso de ser aire puro, libre, infinito, pleno de felicidad, siendo uno con todos y con el todo.

Y tú que crees que eres ¿la goma o el aire? ¿El continente o el contenido? ¿Tu cuerpo o la energía de tu espíritu?

FIN


Juan Ramón Díaz Ruiz. 6/10/2014